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16 de enero de 2020

Elegir

Con la desidia en el cuerpo,
que induce la tarde de estío,
me preguntas si recuerdo
aquello que hemos perdido.
Me hablas de otros tiempos,
otras gentes, otros motivos...


Suspiro un segundo, y te miro,
esperando ese momento
en el que pares a hacer recuento
de todo lo que hemos vivido,
y me digas que en tu balanza
gana el estar aquí, conmigo.

Porque feliz es el que bien elige
y mantiene toda la vida lo elegido.

27 de abril de 2013

Perdedor en la batalla.

Por azares de una extraña alquimia sensorial piensas que
lo que tocas no es oro pero lo transforman tus manos.

Te regalé una noche y te creíste dueño de mis días.

Amordacé a jadeos mi lengua viperina
por no romper con frases el momento.

Bautizaste a besos la sombra de mi luna
sin intentar primero consensuar el nombre.
Y te erigiste rey absoluto del territorio que arrasabas.

Jamás pensaste que estando aletargada podría derribarte.
Ufano aún sonreías, mientras dinamitaba tus fueros,
con ese tipo de intransigente seguridad que
acostumbras a tener por mala compañera.

Las emboscadas también llegan a plena luz del día.
Y te quedaste sin claro de luna para un mañana.





3 de abril de 2012

Mutando de nuevo.


Tengo la primavera alterando biorritmos.

Descompensando los tiempos.

Tengo la piel mutando de nuevo,

perdiendo escamas, ardiendo...ardiendo.

Por no alcanzar todo lo que me pide el cuerpo,

me crujen los huesos.

Tal vez crujen de las primaveras que acumulan,

pero no cejo

de buscar cobijo entre tus huecos,

de asaltarte desde mis sombras,

de reírme de que puedas, algunos días turbios,

aguantar a pie firme mis vientos.

Tengo la piel mutando de nuevo,

transpirando letras, ardiendo...ardiendo.

Necesito que refresques con tus nubes el cielo,

necesito más noches,

necesito más tiempo...

Tengo las risas saltando del pecho,

tengo tus horas borrando mis ceños.

Me piden los huesos,

tu fuego,

mi fuego.






21 de marzo de 2012

No hay tiempo para versos.

No tenemos tiempo para versos, ha muerto la poesía", me dices.

Me da igual la poesía, realmente. Si riman mis letras es por inercia,
ni lo pienso, ni lo pretendo, ni lo busco.
Lo único que necesito es ritmo. Silencios.
Ritmo.
Ruido.
Ritmo...
Que vayas y que vengas para que tu onda se acople a la mía.
Ese golpear de tu mundo y el mío.
Esa colisión.
Y entonces...
Entonces no puedes decirme que no existe poesía.

Porque la poesía no son rimas ni versos, y lo sabes.

Las sombras que dibujan nuestros cuerpos, son poesía.
La humedad que desprende la piel ardiendo. El sueño.
Incluso este invierno,
es poesía.


30 de junio de 2011

Tan rápido.

Hablaste y te sentí otro. Tus palabras perdían el sentido y te miré.
Cuando vi que el brillo de tus ojos no parecía sincero me dio por rascar más allá de la costumbre. Y de pronto todo cayó como por efecto dominó. Me cambiaste la mirada y te arrastraron los vientos. Dejaste de ser quién creí, quién sentí... para parecerme nuevo.
Y ya no deseaba tus nervios. Mi piel no buscaba un contacto a cada latido. 


Nuestra anterior intimidad había desaparecido. 
Tan rápido. 
¡¡No, no!! ¡Vuélvete, deshaz el camino!
No pude dar marcha atrás, el minutero se atascó.

Te he perdido.
Aún no sé si en realidad te he tenido.

23 de marzo de 2011

Sombra de luna.


Son los otros los que han de desfacer entuertos,
que bastante tengo con mantener mi guía.
Con reconquistar mis fueros y alzarme en ellos,
con lo que me pesa alma y pelo ciertos días.

Yo estaba en la terraza luchando con la luna
que a mi sombra mal acostumbra a andorrear.
Llegando luego desaliñada a la mañana, gruñona
y difuminándose por tener que madrugar.
Estaba yo, digo, a mandoble vano con ella
cuando vi claramente en su risa la verdad,
que sin pensarlo dos veces me cambiaba
con mi sombra, singular y trotamundos,
que escapa sigilosa, doblando por las esquinas,
sin darse ni la vuelta para ver que deja atrás.

3 de enero de 2011

Otra vez enero.

Otra vez estoy aquí de madrugada

despejada y dando carpetazos.

Dueña de mi, nada resignada,

alcanzando sueños a batacazos.

Otra vez arrancando desde cero

maleta llena y pilas cargadas.

Pasará el frío, volverás, espero,

y llegarán mañanas despejadas.

Otra vez recordándote a mi lado

deseando que nos reencontremos

por senderos menos transitados.

Y deseando que brille tu lucero,

estando en mi corazón cobijado

será cálido abrigo para este enero.