3 de abril de 2012

Mutando de nuevo.


Tengo la primavera alterando biorritmos.

Descompensando los tiempos.

Tengo la piel mutando de nuevo,

perdiendo escamas, ardiendo...ardiendo.

Por no alcanzar todo lo que me pide el cuerpo,

me crujen los huesos.

Tal vez crujen de las primaveras que acumulan,

pero no cejo

de buscar cobijo entre tus huecos,

de asaltarte desde mis sombras,

de reírme de que puedas, algunos días turbios,

aguantar a pie firme mis vientos.

Tengo la piel mutando de nuevo,

transpirando letras, ardiendo...ardiendo.

Necesito que refresques con tus nubes el cielo,

necesito más noches,

necesito más tiempo...

Tengo las risas saltando del pecho,

tengo tus horas borrando mis ceños.

Me piden los huesos,

tu fuego,

mi fuego.






21 de marzo de 2012

No hay tiempo para versos.

No tenemos tiempo para versos, ha muerto la poesía", me dices.

Me da igual la poesía, realmente. Si riman mis letras es por inercia,
ni lo pienso, ni lo pretendo, ni lo busco.
Lo único que necesito es ritmo. Silencios.
Ritmo.
Ruido.
Ritmo...
Que vayas y que vengas para que tu onda se acople a la mía.
Ese golpear de tu mundo y el mío.
Esa colisión.
Y entonces...
Entonces no puedes decirme que no existe poesía.

Porque la poesía no son rimas ni versos, y lo sabes.

Las sombras que dibujan nuestros cuerpos, son poesía.
La humedad que desprende la piel ardiendo. El sueño.
Incluso este invierno,
es poesía.


5 de marzo de 2012

Confuso.

Despúes de meses de colegueo se dan cuenta de que hay algo detrás de mis sonrisas que no alcanzan a comprender. Ahí es cuando, normalmente, preguntan.

Pero las historias confusas como la nuestra, se cuentan desde el principio o no se cuentan.

Así es como practico esta forma de contar las cosas sin llegar a decir nada, para que crean que entienden algo que, a duras penas, tú y yo comprendemos.

Ni sabrán de ti, ni comprenderán qué somos, ni entenderán qué hacemos.

Algunas noches necesito contarme a mi misma nuestras horas. No olvidar que hubo un principio, que aún queda un por qué y que, tal vez, hallaremos cómo.


27 de febrero de 2012

Las terceras frases

No sé por qué, pero es como un ritual; la primera me asalta desde las hojas reclamando atención; la segunda se esconde sibilina detrás de una frase simple, esperando ser rescatada; pero la tercera!!!
La madre que la parió, me hace hojear tres o cuatro libros.
Aunque, bueno, como siempre altero el orden... nunca sabrás de cual hablo.

Por lo menos dime cual es la que te quedas y vota en la encuesta, eh? ;D

1) Las historias confusas como la nuestra, se cuentan desde el principio o no se cuentan.

Cada siete olas, Daniel Glattauer. Tema ganador con 7 de los 9 votos.

2) No había peor enemigo de los amores secretos que un coche esperando en la puerta.

El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez.

3) Me sentía fuerte de nuevo, me sentía libre.

El músico, Lars Saabye.

((Para votar encontrarás la encuesta en el margen de la derecha, bajo la foto de perfil.))




22 de febrero de 2012

A oscuras y tranquila.

Habían recogido y no había nadie por la zona. Aparqué lejos, y fui por calles que aún no existían ocultándome mientras el sol desaparecía.

No daba luz que mereciera propiamente tal nombre, sino un resplandor apagado y lúgubre. Todo parecía mucho más pequeño, estrecho, desnudo...


Paseé viendo su esqueleto envuelto en sombras. Cualquier otro habría salido de allí con cierto desconsuelo, pero sé que la luz o su ausencia pueden ser engañosas.

Así que cerré los ojos y me senté en aquellos escalones sin vestir, escuchando, sintiendo, y empecé a sonreír.

Porqué si puedo estar completamente a oscuras y seguir tranquila en un sitio es porque estoy en mi casa.


Encuesta de febrero cerrada.

Encuesta cerrada. En un rato el relato!

1) en realidad, ningún domingo puede terminar bien, como todo el mundo sabe.

Noviembre sin violetas, Lorenzo Silva

2) No daba luz que mereciera propiamente tal nombre, sino un resplandor apagado y lúgubre. Tema ganador con 4 de los 10 votos.

Manuscrito hallado en una botella, Edgar Allan Poe.

3) Sentí una mezquina e inútil tristeza allí sola.

Nada, Carmen Laforet.