Siempre has estado presente en mi vida, como un fantasma sin acomodo.
Me da miedo despertarte para descubrir que no eres lo que yo creo, que ni alcanzas a rozar mis sueños...
Así que como cobarde que soy, conmigo únicamente, te mantengo entre los dedos, escondido en mi memoria. Latente y aletargado, posible pero irreal, inédito.
Y sigo añadiendo hilos que me ayuden a tejerte el día que derribe las murallas.
Y sigo lanzando sonrisas huecas cuando me preguntan por ti.
Y sigo sin saber si en realidad puedo.
Y sigo sin saber si algún día lo intentaré al menos.
Y mientras sigas ahí, así, sé que aún sería posible.