Hablaste y te sentí otro. Tus palabras perdían el sentido y te miré.
Cuando vi que el brillo de tus ojos no parecía sincero me dio por rascar más allá de la costumbre. Y de pronto todo cayó como por efecto dominó. Me cambiaste la mirada y te arrastraron los vientos. Dejaste de ser quién creí, quién sentí... para parecerme nuevo.
Y ya no deseaba tus nervios. Mi piel no buscaba un contacto a cada latido.

Nuestra anterior intimidad había desaparecido.
Tan rápido.
¡¡No, no!! ¡Vuélvete, deshaz el camino!
No pude dar marcha atrás, el minutero se atascó.
Te he perdido.
Aún no sé si en realidad te he tenido.